Discurso de felicitación de KIM JONG UN en la IV Conferencia Nacional de Veteranos

25 de julio del año 104  de la era Juche  (2015)

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Participantes en la Guerra de Liberación de la Patria y hombres de mérito de todo el país en ese período:

Extiendo mis fervorosos saludos de felicitación a todos los compañeros que acogen el 27 de julio, fecha de victoria en la guerra que se recordará eternamente por nuestra gloriosa patria, la República Popular Democrática de Corea.

Rindo mi profundo tributo a los soldados del Ejército Popular y del Cuerpo de Voluntarios del Pueblo Chino que dieron su valiosa vida por la sagrada causa de la libertad y emancipación de nuestra República y de la paz.

La presente Conferencia, celebrada hoy majestuosamente con motivo del aniversario 62 del gran triunfo en la Guerra de Liberación de la Patria, es un evento festivo que hace gala ante el mundo de las gloriosas tradiciones de nuestra patria que bajo el mando de los grandes líderes han cosechado sucesivos triunfos en la contienda revolucionaria antiimperialista, así como un acontecimiento de gran trascendencia que exhibe el ímpetu revolucionario de todo el ejército y otros sectores del pueblo quienes, como herederos del espíritu de la lucha heroica puesto de manifiesto por generaciones precedentes, están decididos a lograr nuevos grandes triunfos de la potencia Paektusan.

Aprovecho esta significativa ocasión para rendir mi más profundo homenaje y máximo honor al gran Líder Kim Il Sung quien condujo a la victoria las dos guerras revolucionarias contra los poderosos imperios japonés y estadounidense y al gran General Kim Jong Il quien logró triunfos consecutivos en el enfrentamiento sin precedentes por la defensa del socialismo.

Profundo tributo y efusivos saludos militantes a los combatientes antijaponeses, los participantes en la Guerra de Liberación de la Patria y los hombres de mérito de todo el país en ese período que, al derrotar a la alianza imperialista acaudillada por Estados Unidos, lograron un gran triunfo en aquel conflicto encarnizado en defensa de la patria y el pueblo y escribieron una leyenda de sucesivas victorias de la Corea heroica siguiendo fielmente la dirección de los grandes líderes.

De igual modo, rindo mi sincero homenaje a los veteranos del Cuerpo de Voluntarios del Pueblo Chino quienes brindaron ayuda a nuestra justa guerra revolucionaria al combatir derramando la sangre en la misma trinchera junto con los soldados de nuestro Ejército Popular, para la libertad y emancipación del pueblo coreano y la paz en el Oriente.

Nuestro 27 de Julio es el segundo Día de Liberación en el que defendimos honrosamente de la invasión vandálica del imperio norteamericano la dignidad y soberanía de la patria, una fiestra de los orgullosos vencedores que les obligaron a los yanquis que pretendían dominar y esclavizar a todo el mundo a emprender el descenso de la derrota.

El hecho de que nuestra República, con menos de dos años de fundada, propiciara la vergonzosa derrota al imperialismo norteamericano que alardeaba de su “supremacía” en el mundo y salvaguardara la soberanía nacional y la paz y seguridad en el mundo fue un milagro de carácter militar, sin parangón en la historia de guerras de la humanidad, y un magno acontecimiento que no se ha conocido jamás en los cinco milenios de la historia nacional.

La Guerra de Liberación de la Patria en la cual rechazamos al imperio estadounidense, engordado y engreído con sus agresiones y saqueos, fue de hecho como una lid desigual entre un hombre sin más arma que los puños y una horda de gángsteres bestiales. A nadie se le ocurrió ni remotamente la idea de que el pueblo coreano saldría victorioso en esa contienda que bien pudiera definirse como un enfrentamiento entre el rifle y la bomba atómica.

Sin embargo, al cabo de los tres años de un encarnizado bregar nuestro ejército y pueblo defendieron con firmeza a la patria, muy al contrario de todos los pronósticos, y Corea se dio a conocer ampliamente como país heroico y milagroso que impidió una nueva conflagración mundial.

Compañeros:

Han transcurrido más de seis decenios desde aquella fecha de triunfo en que derrotamos a los soberbios yanquis, quemamos su bandera nacional y lanzamos fuegos artificiales enarbolando el pabellón de nuestra República.

Este territorio, avanzada de la lucha antiyanqui durante un largo período en que se han sucedido generaciones y siglos, no ha conocido un momento de sosiego debido a la constante amenaza de agresión y guerra. Asimismo se han dado cambios notables en la política mundial.

Con todo, nuestros militares y civiles conservan intacto su imponente aspecto de defensores de la independencia y nuestra patria emerge como bastión de la independencia antiimperialista y baluarte de la paz.

En tanto que es de Estados Unidos la ignominiosa tradición de sufrir derrotas por nuestros golpes demoledores desde los años 50 del siglo pasado hasta la fecha, es de la Corea heroica la orgullosa tradición de darle porrazos duros y seguidos al imperio norteamericano que nos embiste irreflexivamente confiando en su obesidad.

La gloriosa historia y tradición de la victoria de nuestra patria han sido establecidas por las originales ideas militares, ingeniosas estrategias y tácticas y destacado arte de mando del gran Líder y del gran General, comandantes legendarios jamás vistos en la historia, y se nutren del espíritu heroico y el esfuerzo tesonero de nuestro ejército y otros sectores del pueblo ilimitadamente fieles al Partido y al líder.

Es una verdad y ley de la historia que no hay manera de conquistar a un ejército y pueblo que bajo la dirección de un gran líder se han levantado para defender a su patria, convencidos de la justeza de su causa y confiando en su fuerza.

No puede haber hoy sin ayer, ni mañana sin hoy.

Nuestros veteranos de guerra son testigos del potencial y la victoria de la Corea heroica, y tesoros inapreciables del país que representan una era a la que se hace referencia en asociación a los respetables nombres de los grandes líderes.

Nuestro Partido respeta infinitamente y aprecia altamente a los veteranos de la guerra no solo como salvadores de la patria, sino también como excelentes precursores de la revolución y educadores que inculcan a los relevos que avanzan hacia la victoria definitiva el espíritu de defender resueltamente a la patria.

Son héroes admirables de la nación y patriotas auténticos que dieron todo lo suyo en defensa del Partido, la revolución, la patria y el pueblo.

Nuestro pueblo y las nuevas generaciones atesoran en sus corazones a la generación de vencedores en la guerra y entre ellos figuran los héroes conocidos y desconocidos como Ri Su Bok, Kang Ho Yong y An Yong Ae quienes no vacilaron en dar su preciosa vida por la única patria.

Si no hubiera sido por las heroicas generaciones de nuestros abuelos y padres, quienes cubrieron con su cuerpo la aspillera enemiga y afrontaron aviones y tanques enemigos arriesgando la vida, no existiría el nido de vida donde todas las generaciones pueden disfrutar de la felicidad al amparo de la prestigiosa y poderosa patria socialista y el Partido del Trabajo.

Aunque han transcurrido muchos años, las hazañas legendarias y huellas ensangrentadas de los valerosos soldados del Ejército Popular que combatieron a los agresores con el espíritu indomable y trajeron la victoria, no se olvidan ni se borran jamás sino resplandecen más al igual que la patria próspera.

Los soldados heroicos de la década de 1950 demostraron en los combates reales que con el firme espíritu se puede aniquilar con toda seguridad al ejército agresor imperialista que amenaza con lanzar bombas atómicas.

En la confrontación con la alianza imperialista que se vanagloriaba de su superioridad numérica y tecnológica nuestro ejército y pueblo confiaron y se apoyaron plenamente en la Comandancia Suprema donde estaba el gran Líder, héroe legendario. Y su valentía impar que asombró al mundo procedía del ardiente amor a la patria, un odio visceral al enemigo y el espíritu revolucionario del Paektu de aniquilar al enemigo aunque corrieran mil veces el peligro de la muerte.

El imperialismo norteamericano que se jactaba de su “invencibilidad” lanzó reiteradamente las ofensivas frenéticas movilizando gran cantidad de armas y equipos y hasta las tropas de los países satélites. Pero no pudo amilanar a nuestro ejército y pueblo imbuidos de la confianza y amor a lo suyo, ni evitar la rotunda derrota política, militar, espiritual y moral.

El espíritu de defensa de la patria concebido en el fragor de la guerra constituye un poderío incomparable con ninguna fuerza física y el más valioso bien que las nuevas generaciones debemos heredar de los veteranos poseedores de firme ideología y fe.

Los grandes líderes presentaron a los veteranos forjados y probados en la enconada guerra como núcleo de las filas del Partido y la revolución y los tuvieron en alto aprecio.

Bajo la gran confianza del Partido y el líder, al término de la guerra los participantes en ella y los hombres de mérito de ese período siguieron por el camino de la revolución y se entregaron de lleno al fortalecimiento y desarrollo de la patria.

Las epopeyas de la época de Chollima en que el pueblo coreano demostró una vez más su temple mediante un gran auge y los gloriosos anales en que él levantó una potencia socialista política, económica y militarmente independiente, conservan nítidamente los inapreciables vestigios de la abnegación de los vencedores en la guerra que, apretándose el cinturón, trabajaron mucho haciendo las veces de sus compañeros de armas físicamente desaparecidos, en fiel apoyo de la causa del Partido.

El noble mundo espiritual de los veteranos de la guerra quienes han compartido con el Partido las alegrías y las penas tanto en los días severos como en los días gloriosos, han vencido resueltamente las duras pruebas de la Marcha Penosa, la forzada, y han imbuido a las nuevas generaciones la voluntad de seguir hasta el fin la dirección del Partido sobre la revolución mediante el Songun, sirve de un precioso ejemplo de los rasgos revolucionarios que todos deben aprender.

Es para nosotros motivo de gran orgullo y fuerza tener como precursores de la revolución a los veteranos de la guerra que lograron imperecederos méritos en la gran defensa de la patria y la colosal obra de la construcción socialista y entregan valiosas riquezas ideo-espirituales a las jóvenes generaciones.

Por contar con hombres extraordinarios como ustedes que han seguido al Partido y al líder a pesar de los pesares, como lo hicieron los combatientes veteranos antijaponeses, y le dan ánimo al destacamento para que continúe su avance general, en su calidad de soldados revolucionarios que mantienen su entereza durante toda la vida, el Partido siempre se siente seguro.

El inapreciable espíritu de lucha y las resonantes proezas patrióticas de los veteranos de guerra que han dado todo lo suyo a la reunificación independiente de la patria y su fortalecimiento y prosperidad, siguiendo de todo corazón a los grandes líderes y el Partido desde aquellos días de la guerra en que avanzaban bajo la lluvia de balas hasta hoy en día, serán inscritos con letras doradas en los anales de la lucha heroica de nuestro pueblo.

Compañeros:

Darle eterno brillo a los sempiternos méritos del gran Líder quien condujo la guerra a la victoria y las hazañas de él y del gran General en su dirección de la revolución mediante el Songun y heredar con firmeza el espíritu de la lucha heroica y de la defensa de la patria de los mártires revolucionarios y los militares veteranos constituye una de las importantes orientaciones estratégicas que mantiene nuestro Partido en su empeño de ponerle punto final a la confrontación con el imperialismo y con Estados Unidos y anticipar el día de la victoria definitiva de la revolución coreana.

El espíritu de la defensa de la patria puesto de manifiesto por los valientes combatientes de la década de 1950 es un gran espíritu de la época que le da continuidad al revolucionario del Paektu, así como el alma de la Corea del Songun que cultiva en el corazón de los militares y civiles el ardiente patriotismo y los llama a realizar hazañas heroicas.

Cada año celebramos solemnemente el día de la victoria en la guerra, precisamente para felicitar a los veteranos de guerra que son precursores de la revolución, apreciar y dignificar su vida heroica, pertrechar firmemente a todos los oficiales y soldados del Ejército Popular, demás sectores del pueblo y la joven generación con el espíritu de los defensores de la patria de la referida década y convocarlos enérgicamente a la grandiosa obra para crear una nueva velocidad de Corea.

Tomando el espíritu de la defensa de la patria de la década de 1950 como excelente manual para la lucha de clases y contra los imperialistas, como arma ideológica y espiritual para glorificar la historia y las tradiciones de la Corea heroica, debemos demostrar sin reserva su potencialidad en la batalla decisiva que concluirá con nuestro triunfo la confrontación con el imperialismo y con Estados Unidos y la construcción de un Estado poderoso y próspero.

Los veteranos de guerra deben apoyar al Partido y la patria, con el mismo fervor y vigor inagotables de aquellos días en que cantaban canciones revolucionarias echando de menos a la Comandancia Suprema en las trincheras envueltas de llamas, y dejarle como herencia a sus descendientes su fidelidad tan inmaculada como el diamante, su fe revolucionaria que no abandonan ni al filo de la muerte y su indomable espíritu de la defensa del país.

El espíritu de la defensa de la patria y la revolución que los combatientes heroicos demostraron en la guerra debe ser el puntal de la fe de todos los oficiales y soldados del Ejército Popular. La disciplina revolucionaria de cumplimiento incondicional de las órdenes e instrucciones del Comandante Supremo debe ser el primer factor que lo mantiene inconmovible. Y el fervoroso patriotismo que conduce a ofrendar la vida para defender una pulgada del territorio y la implacable determinación de aniquilar al enemigo reinarán en las áreas de entrenamiento por el título de la unidad Guardia y en los campos de batalla.

Si se reavivan hoy el espíritu con que fabricaron la munición de guerra haciendo funcionar máquinas con las manos durante el apagón y la voluntad con que se consagraron a la producción agrícola, el transporte de pertrechos y la ayuda al frente en medio del bombardeo enemigo, se lograrán sucesivamente éxitos admirables en la construcción de la potencia económica y se hará realidad el sueño de convertir en oro todos los campos, mares y montañas del país.

Nuestro Partido presta especial atención a la formación de las jóvenes generaciones en el espíritu de la defensa de la patria.

La cuestión de la juventud es precisamente la de la continuidad de la revolución y lo más importante en esto es legarles ideas y fe.

A los jóvenes les corresponde guardar en lo hondo del corazón el espíritu con que nuestros antecesores defendieron la patria a costa de su sangre y sacrificar su vida sin vacilación si la patria lo exige como los combatientes heroicos de la década de 1950. Además, con el vehemente amor a la patria, hermoso ideal y gran aspiración, acudirán con coraje a la primera línea de la revolución del Songun y las importantes obras de construcción, donde manifestarán plenamente su audacia y temple como protagonistas de la envidiable potencia de jóvenes y como vanguardia juvenil del Songun.

Respetar a los combatientes antijaponeses y los veteranos de guerra considerándolos como predecesores de la revolución de gran valía es una tradición de los revolucionarios coreanos y una cualidad que los caracteriza.

En toda la sociedad predominará el ambiente de honrar a los veteranos de guerra y atenderlos con toda sinceridad para que no tengan ninguna incomodidad en su vida.

Esto permitirá que aquellos que nos han hecho el gran favor de defender la felicidad de hoy sientan el honor de haber participado en la Guerra de Liberación de la Patria, cobren mayor fuerza y vigor con el paso de los años y finalicen la vida con el sentimiento de orgullo.

En la actualidad, Estados Unidos y sus seguidores, incapaces de sacar la lección de su humillante derrota en la década de 1950 y del fracaso total de su política hostil que aplican desde hace decenas de años contra la RPDC, hacen desesperados esfuerzos por sofocarla.

Si el enemigo, desconocedor de las tradiciones legítimas de la historia, vuelve a provocar insensatamente a nuestra República, nuestras fuerzas armadas revolucionarias acabarán con los agresores y los sepultarán para siempre.

La fuerza que poseemos ahora difiere de la que teníamos en la década de 1950 en que combatimos con el rifle en la mano a los imperialistas estadounidenses armados hasta los dientes.

Con la fuerza que poseemos, EE. UU. y nosotros podemos rivalizar en todos los métodos de guerra que él elija.

Contamos con la gran capacidad de disuadir a EE. UU. de su intento de provocar una guerra nuclear.

La época en que Washington nos chantajeaba con sus armas nucleares ha pasado para siempre. Es una realidad de hoy que EE. UU. ya no pueda chantajearnos ni horrorizarnos sino que nosotros seamos para él una gran amenaza y agente del pánico.

Independencia es justicia y el inexorable triunfo de esta se ha comprobado por la historia.

Nuestra causa es justa y no existe en el mundo fuerza capaz de detener a nuestro ejército y pueblo que avanzan con el ímpetu y vigor multiplicados, unidos monolíticamente en torno al Partido y empuñando como arma potentísima el espíritu revolucionario del Paektu y el de la defensa de la patria de la década de 1950.

Marchemos todos enérgicamente hacia la victoria final.

Estimados militares veteranos,

Participantes en la Guerra de Liberación de la Patria y personas de mérito de todo el país en ese período:

Mis mejores votos por la larga vida y buena salud de los respetados compañeros y la felicidad de sus familias.

Mariscal Kim Jong Un

Naenara

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