¡Defendamos los derechos humanos de las masas populares!

Hoy la comunidad internacional se enfoca en los derechos humanos como un asunto de suma importancia.

Con harta frecuencia, los derechos humanos se abordan como tema más delicado e importante en el escenario político mundial.

El problema radica en que cada vez que prevalece la argumentación de un país específico que se autodetermina “abogado y árbitro de los derechos humanos”, en las regiones estratégicos y puntos candentes se agravan los conflictos y el desorden social y se perpetran con mayor saña las violaciones de los derechos humanos.

Sus primeras víctimas son los habitantes comunes y corrientes y otras masas trabajadoras.

A pesar de las acaloradas discusiones en los foros internacionales, los sufrimientos de los mismos se ignoran y esta cuestión sigue pendiente.

Para una verdadera solución del problema de los derechos humanos, se debe necesariamente analizarlo desde la posición de las más comunes masas trabajadoras. Abordar el asunto desde la posición de las masas populares, artífice y testigos del progreso social, y proteger cabalmente sus derechos constituye el sendero más corto para la solución del mencionado problema.

1. Los derechos humanos son los derechos soberanos del pueblo

Los derechos humanos son literalmente los derechos del hombre, los derechos que le permiten desenvolverse como tal. Son los derechos que el hombre debe exigir y disfrutar como integrante de la sociedad a medida que compone una comunidad, establece las relaciones sociales y continúa su existencia.

El gran Dirigente Kim Jong Il señaló:

“Los derechos humanos son los derechos soberanos que el pueblo debe ejercer en todos los dominios de la vida social como la política, la economía, la ideología y la cultura.”

Estamos hablando de un asunto relacionado con la protección y el aseguramiento de los derechos humanos.

Tal asunto no se planteaba en los albores de la remota sociedad humana en que predominaba la vida primitiva en común. Sin embargo, con el surgimiento de la sociedad de clases y de los explotadores, una clase dominante que tiene en sus manos el poder y los bienes, los derechos en su mayoría se vieron afectados y los derechos humanos comenzaron a plantearse como un asunto social.

Las masas populares que eran oprimidas en la prolongada historia de sociedad esclavista que trataba al hombre como “instrumento que habla” y en el feudalismo en que prevalecía el sistema jerárquico, han librado una lucha constante en defensa de su dignidad y sus derechos.

Con el progreso social las clases dominantes y explotadoras no pudieron por más tiempo ignorar los derechos de las masas productoras. La burguesía, un nuevo componente de la sociedad, aprovechó con astucia la demanda de las masas de sus más elementales derechos como seres humanos para asegurar su ilimitada explotación y hegemonía. A partir de entonces los derechos humanos han sido utilizados como un rótulo para acicalar y justificar el capitalismo, el más brutal régimen opresivo y la última fase de la sociedad explotadora.

Con todo, se puede afirmar que los derechos humanos son originalmente derechos de las masas populares.

Las masas populares son una colectividad social constituida fundamentalmente por los trabajadores y en que éstos se reúnen por el carácter común de sus exigencias de la independencia y de sus actividades creativas. En cualquier sociedad los trabajadores ocupan la mayoría absoluta y desempeñan el papel de creadores. Las masas populares han sido las únicas que en diferentes épocas históricas han aspirado a los auténticos derechos del hombre y han librado una ensangrentada lucha a favor de ellos.

Solamente ellas y no otras –de esto no cabe la menor duda– pueden exigir y disfrutar con la frente alta de los derechos al trabajo, al descanso, a la asistencia médica, a la enseñanza, al pensamiento y la conciencia y a la expresión, componentes esenciales de los derechos humanos mundialmente reconocidos. La clase explotadora demanda solamente el privilegio de exprimir la sangre y el sudor de las masas laboriosas y vivir en la opulencia, la prerrogativa de pisotear y oprimir a las masas trabajadoras a su libre albedrío y la libertad de engañar y burlar a las masas. Si esa clase grita a voz en cuello sobre los derechos humanos, es para enmascarar sus verdaderos intentos. Que los opresores y explotadores, reacción de la historia y parásitos de la sociedad, se atrevan a hablar de los derechos humanos, deviene la mayor ofensa y burla de los mismos.

Una mirada retrospectiva de la larga historia de la humanidad nos permite darnos cuenta de que las clases dominantes y explotadoras que constituyen una minoría de la sociedad no están interesadas en lo mínimo en los derechos humanos de las masas. Únicamente les interesa preservar y ampliar su posición privilegiada e intereses, y pisotean sin piedad los derechos elementales de las masas si los mismos contravienen a sus intereses.

Lo demuestra patentemente la historia de Estados Unidos, país que viola más los derechos humanos. Sus ancestros fueron una manada de bestias que, contentos de la muerte de los indios, acabaron con la vida de millones de ellos. Ese país mancilló la historia del género humano al promover la trata de esclavos que trasladó a decenas de millones de africanos, exprimir su sangre y aceite y matarlos de forma más brutal.

Ese país que ha nacido y existe por la misantropía provoca tanta repugnancia que un escritor norteamericano dejó la siguiente célebre frase: “Ha sido bueno el descubrimiento de América, pero habría sido mejor que ella no se hubiera descubierto.”

Las capas dominantes de EE.UU. son una banda de sinvergüenzas que con tal de lograr su dominio y satisfacer su ambición no vacila en sacrificar a otros países y naciones, sin ningún miramiento de los Derechos Internacionales. Norteamérica es el único criminal de armas nucleares que, si bien firmó la Carta de la ONU elaborada en reflejo del deseo de la humanidad, lanzó las bombas atómicas contra cientos de miles de habitantes pacíficos con el objetivo de lograr a toda costa su ambición de la hegemonía del mundo. En el actual siglo XXI caracterizado por una civilización cada vez mayor, ese país sigue desconociendo el derecho al desarrollo de los países y pueblos en vías de desarrollo, el de la infancia y el derecho de la mujer a la igualdad. Las más modestas exigencias y derechos de las personas de vivir libremente en un ambiente pacífico son a todas luces inadmisibles para EE.UU. donde todo está en manos de su minoría absoluta que constituye los monopolistas y capitalistas.

El asunto más grave está en que este gran violador de los derechos humanos actúa asquerosamente como “abogado y árbitro de los derechos humanos” en el mundo.

Con la gran insolencia que lo caracteriza, interviene en los asuntos internos de las naciones, les ordena que haga esto y lo otro y habla ruidosamente de los “derechos humanos”, pero es más que evidente que los derechos de las masas populares no son el verdadero objetivo que persigue.

Estados Unidos exige asegurarles los derechos y la libertad a los traidores y abandonados por el pueblo o los ensalza como “activistas por los derechos humanos” y “combatientes por la libertad”. En resumen, los “derechos humanos” que él defiende, no son los derechos del pueblo sino los de eximición de la responsabilidad de los violadores de los derechos de este y la “libertad” por la que él aboga, no la libertad democrática de aquél sino la de los bribones.

Castigar a los que traicionan al pueblo y lo perjudican, los violadores de los derechos humanos, es para el pueblo mismo, deseoso de tener auténticos derechos ejercer los sagrados, justos y dignos derechos. Un país que es tolerante hasta con los vicios humanos es de carácter antipopular que niega la defensa de los derechos de las personas. La historia y la actualidad muestran que la piedad ofrecida a los enemigos del pueblo trae indispensablemente como resultado la pululación de los males y en última instancia el grave atentado contra la dignidad y los derechos del pueblo.

Justamente son derechos humanos los que los trabajadores ordinarios deben tener todos como miembros de la sociedad y ejercer.

Los derechos humanos son exactamente los derechos a la independencia de las masas populares y no tienen nada que ver con los “derechos humanos” de que los imperialistas vociferan.

Son asegurados solo por la soberanía nacional garantizada.

El mundo, en realidad, se delimita por las fronteras y en la Tierra existen diferentes naciones. El hombre, sea quien sea, vive y se desarrolla como un miembro de la nación a la que pertenece. Sus derechos se aseguran por la unidad de esta.

También los tratados internacionales sobre los derechos humanos y las actividades de las organizaciones internacionales de este sector se realizan, en concreto, en dependencia de la política y el régimen de los países particulares. Por eso, las actuales leyes internacionales sobre los derechos humanos estipulan la norma y meta generales del aseguramiento de los derechos humanos que a condición de que se estime la soberanía nacional, todos los países deben alcanzar en común. Esto significa que cada país, en vista de su realidad y en correspondencia al nivel de su desarrollo, debe garantizarles y asegurarles los derechos a las masas populares.

Pese a esto, los imperialistas, con el argumento de que los “derechos humanos no tienen frontera”, justifican su intervención en los asuntos ajenos. No vivimos cuando los imperialistas, valiéndose de los cañones y buques de guerra, alteraban a su antojo las fronteras de otros países. De ahí que los imperialistas reclaman los “derechos humanos” para alcanzar su objetivo de agresión.

El trágico estado de los derechos humanos en los países cuya soberanía se ve violada por Estados Unidos y sus seguidores deviene la más clara respuesta al problema de los derechos humanos y la soberanía nacional.

Ahora, no pocos países que por haber practicado la política conveniente a sus tradiciones, costumbres y realidad, mantenían cierta estabilidad social, como efecto de la injerencia e invasión del imperialismo estadounidense se han caído en caos. En Irak, Libia, Siria y otros países y regiones, víctimas del alboroto de los “derechos humanos” del imperialismo norteamericano perduran todo tipo de litigios y confusiones, se atropella hasta el elemental derecho a la existencia de las personas y nacen un sinnúmero de evacuados. Pero los promotores de esta tragedia mundial de derechos humanos no sienten ningún remordimiento de conciencia y evaden su responsabilidad.

Existen la Declaración Universal de los Derechos Humanos y muchos otros documentos de los derechos humanos internacionales y también están en acción diversas organizaciones de los derechos humanos, pero no es posible prevenir las brutales violaciones de los derechos humanos que acaecen sucesivamente en varios lugares del mundo.

Esto da a conocer patentemente que para las personas no garantizadas y protegidas por la soberanía estatal los derechos son solo de nombre y que los derechos humanos son precisamente la soberanía estatal.

Los derechos humanos son, de cabo a rabo, los derechos a la independencia de las masas populares y para ejercerlos es imprescindible defender resueltamente la soberanía estatal, esta es la lección de la humanidad sacada a cambio de la sangre y la innegable verdad que la historia y la realidad enseñan.

2. El alboroto de los “derechos humanos” del imperialismo yanqui
es el exterminio de los derechos humanos

Los más graves y agudos casos de los derechos humanos que acaecen ahora en la palestra internacional son todos estrenados por Estados Unidos.

El gran Dirigente Kim Jong Il dijo:

“El primer enemigo de los derechos humanos son los imperialistas que violan el derecho a la independencia de las personas y al socaire de la ‘defensa de los derechos humanos’, intervienen en los asuntos internos de otros países.”

El derecho humano es el más elemental del hombre y la base que garantiza el desarrollo y felicidad de todo tipo para el ser humano. Lo que más interesa a las personas es el derecho humano, razón por la cual Estados Unidos lo aprovecha para agredir a otros países y regiones.

La difusión de la concepción del valor y el patrón de derechos humanos que ese imperio esgrime es algo peligroso para la defensa de los derechos humanos en el mundo.

Hace decenas de años que un político estadounidense expresó que un dólar destinado a la publicidad para el exterior tenía una virtualidad de cinco dólares que se invertía para la defensa nacional. mediante una paciente campaña mediática sobre su sociedad autoproclamada “paraíso de la libertad y derechos humanos”, EE.UU. logró derrumbar el campo del socialismo en el mundo objetivo que no había podido alcanzar con armas atómicas ni con portaviones superpotentes. En la actualidad los medios de prensa que sirven para difundir la concepción del valor y el modo de vida preferidos por Estados Unidos desempeñan el papel principal en la realización de su ambición estratégica de dominio mundial.

Entonces, ¿es verdad que la sociedad norteamericana es el modelo o el paraíso de derechos humanos?

Una prensa comentó que la democracia norteamericana es corrupta y esclava del dinero. También sus ciudadanos reconocen que en su país solo a los archimillonarios se les autoriza ejercer influencias sobre la elaboración de políticas estatales y lograr sus intereses. Muchísimas infames leyes privan al pueblo de la libertad y controlan estrictamente cada detalle del movimiento y la vida de todos los ciudadanos incluidas las personalidades progresistas. Es en Estados Unidos donde todo Internet y teléfono móvil están bajo el permanente control e intervención y donde a los que publican su declaración de conciencia y dan a conocer la verdad se los priva de los derechos civiles e incluso se los amenaza con la penalización oficial. En ese país decenas de millones de ciudadanos sufren la discriminación racial, humillación, desigualdad y privación de derechos solo por no ser blancos, y negros inocentes se asesinan a plena luz del día. Todo el mundo se pasma ante el estado de derechos humanos en EE.UU.

No es casualidad que en mayo pasado los delegados de más de 110 países participantes en una reunión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU presentaron cerca de 350 recomendaciones en relación con la grave situación de derechos humanos en esa potencia imperialista.

Es más lamentable que la impunidad ante la violación de derechos humanos constituye una enfermedad incurable para EE.UU. como el tumor maligno. Este, por su naturaleza, no puede hacer concesión alguna en defensa de los intereses de los monopolios. Presionado por éstos no puede aprobar ni una ley que prohíba la propiedad privada de armas aunque ocurren con frecuencia matanzas, homicidio y atracos incluso en los centros docentes. Un país como Estados Unidos que viola los derechos humanos del 99 por ciento de la población para defender los derechos de los privilegiados que representan apenas un por ciento se brinda para resolver el problema de los derechos humanos del mundo, lo cual algo ridículo.

Lo pernicioso que es la concepción del valor y el patrón de derechos humanos de Estados Unidos se evidencia en la sociedad surcoreana que los aplica al pie de la letra. Un partido legítimo se disuelve por fuerza por no gustarle a la autoridad del Estado y el autor principal de la muerte de cientos de niños ahogados en aguas del mar queda sin castigo penal, este fenómeno es muy común en el Sur de Corea. Muchos abandonan su derecho a amor, matrimonio y embarazo por las dificultades económicas y numerosos ciudadanos sufren por el temor, resentimiento y desconfianza, así como cada día más personas optan por suicidarse condenando a la oprobiosa sociedad. Es natural que no se respetan los derechos humanos en este reino de suicidio. El Sur de Corea, tumba de la vida y los derechos humanos se considera como el quincuagésimo primero estado de Estados Unidos.

La trágica situación de los derechos humanos y la naturaleza antipopular de la sociedad donde se aplican la concepción del valor, conceptos y el “patrón de los derechos humanos” norteamericanos se revelaron a no más poder.

Mas EE.UU. pretende por todos los medios para difundir sus pensamientos y “patrón de los derechos humanos”. Este intento consiste en realizar su ambición de hegemonía en el mundo de manera más fácil, logrando la globalización y la conversión del mundo en lo americano en el sector de los derechos humanos. Lo evidencia el hecho de que se enfoca la campaña de derechos humanos en los países independientes antiimperialistas y en los que tienen ricos recursos subterráneos y una gran importancia geopolítica, no le importa si existe o no el problema de los “derechos humanos” en ellos.

Casi todos los conflictos armados y alborotos que se ocasionan sin cesar, siglos por siglos, en muchos países de África, Medio Oriente y Europa resultan los “beneficios” que les produjo aceptar la “libertad”, “democracia” y “derechos humanos” norteamericanos. Hoy también, por las vandálicas maniobras de EE.UU. encaminadas a la “protección de los derechos humanos” se reducen a ruinas los países donde reinaba la paz, no cesan confrontaciones y conflictos entre tribus y entre sectas religiosas y no dejan de correr sangres de la gente en las calles.

Si los países implicados, convencidos de sus fallos aunque es tarde, tratan de castigar a los delincuentes de los casos ocurridos, EE.UU. vuelve a favorecer un círculo vicioso: destrucción y matanza, bajo el pretexto de la “violación de los derechos humanos”, “supresión de la libertad”, “carencia de la democracia”, etc.

La concepción del y el “patrón y palo de los derechos humanos” del estilo norteamericano sirven, al pie de la letra, de un medio para violar los derechos humanos, que signigfica un instrumento en su estrategia neocolonial de nuevo índole y un arma de exterminio masivo más tremendo que la atómica.

En la actualidad, se hace más porfiada la campaña estadounidense de los “derechos humanos” contra nuestra República.

La RPDC es el único país en el planeta, donde jamás están vigentes las coacciones y las arbitrariedades, el concepto del valor, las normas de EE.UU., y un faro del ideal humano y baluarte de la justicia que defiende con firmeza su dignidad y desarrolla su peculiar régimen social. EE.UU. considera a nuestra República como el máximo obstáculo en su intento de esclavizar al mundo.

Su campaña de los “derechos humanos” anti-RPDC que se hizo más aviesa después del derrumbe del sistema socialista en el orbe, se intensifica sin precedente, tras el alboroto nuclear. Se lleva a cabo abiertamente con la intervención directa de los caudillos gubernamentales entre otros el presidente y el secretario del departamento de Estado, que dan a conocer oficialmente hasta los medios y métodos para ese fin, lo cual es una intención desesperada.

Se ha establecido una organización independiente destinada a estudiar la situación de los derechos humanos con respecto a un Estado soberano y pacífico, basándose en los datos fraudulentos, un hecho nunca visto en la historia de la Organización de Naciones Unidas. ¿Las crueles sanciones y bloqueos encaminados a exterminar a una nación y derribar a un Estado, se concuerdan con la Carta de la ONU?

La cada día más delirante campaña estadounidense contra nuestra República en el dominio de los derechos humanos se concentra principalmente en desprestigiar nuestra suprema dignidad, que representa toda la existencia, derecho y destino de nuestro pueblo. Su propósito siniestro consiste en separar de la Dirección de la Revolución a nuestro pueblo que forman murallas en torno a ella y no derramar la sangre mientras que nosotros mismos derribemos nuestro régimen. La tragedia está en que ese imperio no sabe que dicha estratagema usada en otros países nunca es realizable en nuestra República.

La falsedad de su propaganda de los “derechos humanos” ya se puso al desnudo ante el mundo. Hace poco en la ciudad Rason de nuestro país surgió un hecho de que se convirtió lo desfavorable en favorable, admirando al mundo. Ante esta asombrosa realidad referente al amor al pueblo quedaron callados solo EE.UU. y sus seguidores, que estaban tan enfrascados en el “problema de derechos humano en el Norte”. Es, pues, que él teme a que se den a conocer la realidad de Corea y los verdaderos hechos ocurridos. En efecto, persigue el objetivo consistente en tildar al nuestro de “país carente de los derechos humanos” y no dar a conocer sus verdaderos aspectos en este dominio. La campaña en cuestión no pasa de ser su último esfuerzo desesperado por mantener su política hostil a la RPDC que está a punto de fracasar.

Si EE.UU. no estuviera decidido a cambiar su política, no evitaría su arruinamiento.

Hasta las prensas extranjeras comentan: “Todas las maniobras provocativas estadounidenses contra Corea no son sino una expresión de su debilidad, una señal que indica su derrota política total”.

Es una vergüenza de la humanidad el que en la era civilizada como la actual subsista un Estado vandidesco, un Estado criminal como EE:UU. que toma como su política el derrocamiento gubernamental y la violación de derechos humanos.

La historia de la humanidad registra cómo se acabaron todos los imperios que persiguieron la hegemonía y codicia recurriendo a hipocresías, defraudaciones, coacciones y arbitrariedades. La citada campaña de EE.UU., imperio caracterizado por el odio al hombre, violación de derechos humanos e ilegalidad y al que no le importan las masas populares,, el Estado soberano y la ley internacional, no puede evitar necesariamente su fracaso por su carácter reaccionario, vil y maligno, y servirá de un vehículo que le permita anticipar el fin de la “única superpotencia”

3. La protección de los derechos humanos depende de la lucha de las mismas masas populares

Los derechos de las masas populares no se consiguen por sí solos. Nunca se puede lograrlos con palabras ni peticiones mientras existan en el planeta fuerzas antipopulares que los violen.

Es posible realizar todas las aspiraciones y anhelos del pueblo solamente por la lucha resuelta e incansables esfuerzos.

El estimado compañero Kim Jong Un dijo:

“Como es eterno el pueblo trabajador, luchar para el pueblo y con el pueblo es eternamente justo y victorioso.”

La batalla de nuestro pueblo por defender sus derechos es la defensa del socialismo, la de la patria.

El socialismo en que están reflejados el anhelo e ideal de las masas populares de gozar una vida digna es el resultado de la inteligencia y la riqueza común de la humanidad. En la prolongada lucha por conseguir los verdaderos derechos, la humanidad ideó una gran teoría, el socialismo, y la materializó en este mundo. El socialismo exige la obediencia al pueblo de la política, la ley y los demás componentes de la sociedad y de esta manera, garantiza cabalmente los derechos de las masas populares. Al contrario, el capitalismo viola todos los derechos de las masas trabajadoras para el privilegio de una minoría que son los explotadores. He aquí la diferencia abismal entre el socialismo y el capitalismo. Naturalmente hay sufrimientos, frustraciones y vicisitudes en el proceso de construir el socialismo, nunca visto en la historia. Pero, nadie podrá negar la verdad de que el socialismo garantiza verdaderamente los derechos y el bienestar del pueblo.

A lo largo de su historia llena de vicisitudes nuestro pueblo llegó a convencerse del socialismo como su verdadero ideal y construyó el socialismo a nuestro estilo con sus propias fuerzas. Este constituye un hogar más confortable en que nunca se menosprecian la felicidad y los derechos del pueblo aun en las severas pruebas. Para nuestro pueblo, este socialismo que defiende su destino y responsabiliza completamente de su vida es una querida casa y cuna.

Por las incesantes maniobras de aislamiento y aplastamiento de las fuerzas aliadas del imperialismo, la soberanía y la defensa del poder estatal se le presentaron a nuestro pueblo como un asunto urgente. La política Songun (priorizar los asuntos militares) es un remedio omnipotente que hizo posible defender firmemente la dignidad de nuestro pueblo y todos otros valores de la Patria. La construcción de un poderoso Estado socialista, un paraíso próspero del pueblo, ha sido una valiosa experiencia en defender y garantizar los derechos humanos con sus propias fuerzas aun en medio de los torbellinos de la historia.

Nuestro pueblo no conoce una sociedad, un país mejor que nuestro socialismo que le posibilita trabajar y vivir sin preocupaciones pese a las maniobras frenéticas de las fuerzas agresivas.

Adelantar con todos sus esfuerzos el futuro luminoso para el pueblo valeroso e inteligente es una decisión y voluntad inmutable de nuestro Partido y Estado. El ideal político de nuestro Partido y Estado es dar prioridad a las masas populares y su estilo político es la apreciación, el respeto y el amor al pueblo. Respetar y amar infinitamente a su pueblo constituye una justicia y la verdad inmortal que nadie puede negar.

En Corea socialista centrada en las masas populares, tanto los imperialistas y otros enemigos de clase como el abuso de autoridad, el burocratismo, la corrupción y degeneración que perjudican los intereses del pueblo llegan a ser blancos de la lucha implacable. El pueblo coreano apoya y respeta de todo corazón su régimen socialista, fidedigno defensor y asegurador de los derechos de las masas populares, tomándolo por su noble obligación y honroso deber.

Por su felicidad y el porvenir de las generaciones venideras el pueblo coreano considera la patria socialista como su propia vida y produce los mitos heroicos por la patria y el Partido del Trabajo.

Hoy el mandatario coreano aplica la política de dar prioridad a los intereses de las masas populares. Precisamente esta realidad de Corea deviene un duro golpe para dar al traste con los alborotos de “derechos humanos” de los imperialistas. El socialismo al estilo coreano será para siempre una fuente de la felicidad, edén del pueblo y paraíso de los derechos humanos.

Para asegurar y defender de veras los derechos humanos hay que desplegar dinámicamente la lucha antiyanqui con la conciencia de independencia.

Los derechos humanos son en su esencia para eliminar radicalmente las violaciones de los mismos. Con ilimitada codicia y ambición de dominar a los demás, los imperialistas norteamericanos complican los asuntos internos de diversos países del planeta, se aprovechan de los conflictos y dolores de otras naciones y se ponen frenéticos para dominar el mundo. El único camino para defender el destino y el futuro de cada país, de cada nación y su posteridad consiste en derrotar al imperialismo norteamericano, el monstruo histórico y el enemigo común de los derechos humanos, que se ceba con la agresión y pillaje,.

Es importante redoblar la vigilancia ante los alborotos de “derechos humanos” del imperio.

Ahora los pueblos de los países en ruina, enredados en los escándalos de “derechos humanos” del caudillo imperialista, se arrepienten profundamente de los resultados. Ninguno de ellos imaginó que la estupidez del engañado por la palabra dulce de “derechos humanos” preconizada por Estados Unidos, causaría las calamidades tan desgarradoras. Arrepentirse es un pesar tardío. La confusión y alteración del orden social, destrucción de la paz, las inquietudes e intranquilidades, los conflictos de armas entre los vecinos, las bombas sin estallar en las manos de los niños como juguetes, esta realidad triste no es una tragedia solamente de Iraq o unos contados países. Ahora la comunidad internacional conoce más claramente que la ilusión abrigada de los “derechos humanos”, cacareados por los imperialistas norteamericanos traerá consecuencias tan trágicas e irreparables. La veneración y el servilismo a los Estados Unidos es una muerte para todos. Los políticos que aman y respetan a su pueblo, los gobiernos que quieren resguardar el destino y los derechos de su pueblo no deben olvidar ni un momento que la bomba de tiempo de “derechos humanos” del imperio está amenazando persistentemente a su propio pueblo.

No tienen que pasar por alto el alboroto de los “derechos humanos” de los imperialistas yanquis ni obedecerles ciegamente.

El doble rasero, la opción arbitraria, la política malintencionada de los Estados Unidos en tema de los derechos humanos devienen una gran molestia para muchos países de la Tierra.

El problema es que, presionados por la arbitrariedad de los Estados Unidos y dependientes de su insignificante “ayuda”, algunos países están pasando por alto o persiguen a hurtadillas a sus actos bandidescos. Esto es lo que pone obstáculos no menos graves que los alborotos de derechos humanos del imperio estadounidense. Un refrán dice: El que hace llorar a otro derrama lágrimas de sangre. Los países que votaron a fovor de Estados Unidos y convirtieron en víctimas a otras nacioes y pueblos deben saber que mañana las tocará la misma suerte. Nunca pueden existir eternos “aliados” de los imperialistas ni esperar de ellos una confianza perpetua. Los imperialistas estadounidenses son precisamente los siniestros violadores de los derechos humanos que para sus propios intereses interceptan sin vacilación hasta los teléfonos móviles de los políticos de alto rango de sus aliados y los funcionarios de los organismos internacionales, para no hablar de sus ciudadanos, y construyen en el extranjero prisiones secretas donde perpetran toda clase de torturas. El problema de refugiados que se produjo en la región costera del Mediterráneo y es hoy rompecabeza para los países miembros de la Unión Europea muestra fehacientemente cómo el imperio norteamericano, supuesto “abogado de los derechos humanos”, imputa la responsabilidad a otros y sacrifica a sus aliados. Es indudable que mientras continúen los alborotos estadounidenses so pretexto de los “derechos humanos”, nunca terminarán daños y perjuicios y las víctimas serán los “amigos” de Estados Unidos, sus seguidores.

Oponerse resueltamente a las maquinaciones de los Estados Unidos en cuanto al problema de los “derechos humanos”, dirigir concentradamente la flecha de la lucha a ese imperio, mayor violador de los derechos humanos en el mundo, y sentarlo en el banquillo de los acusados es la tarea más acuciante de la contienda en defensa de los derechos humanos.

No deben dejarse engañar por la intriga de dos caras del tío Sam quien bombardea un hospital movilizando aviones sin tripulación y toma el micrófono para manifiestar lástima. Los alborotos de “derechos humanos” del imperialismo norteamericano son un megacrímen internacional imperdonable porque destruye la paz y seguridad mundial y perjudica la humanidad. Es preciso ventilar la opinión pública internacional para que no simpaticen con las maquinaciones estadounidenses dirigidas a calumniar y atentar contra los países independientes sino que las rechacen categóricamente enfrentándoles con la no participación y no alineación.

En la encarnizada confrontación con los imperialistas, la victoria está al lado de las naciones y pueblos que defienden resueltamente la soberanía. Es inmutable la voluntad del Gobierno de nuestra República y pueblo, decididos a contribuir de modo activo a la materialización del deseo y la aspiración de la humanidad a la independencia uniendo la fuerza con todos los países y pueblos que respetan los auténticos derechos humanos.

Triunfará infaliblemente la justa lucha de nuestro pueblo y el resto de la humanidad porgresista en defensa de los derechos humanos de las masas populares.

Naenara

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