Discurso de Fidel Castro Ruz en Corea el 8 de Marzo de 1986

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el banquete ofrecido en honor de la delegación del Partido y el Gobierno de la República de Cuba, por el Mariscal Kim Il Sung, Secretario General del Partido del Trabajo y Presidente de la República Popular Democrática de Corea, el 8 de Marzo de 1986, “Año del XXX Aniversario del desembarco del Granma”.

 

Querido compañero Kim Il Sung;

Queridos compañeros del Partido y el Gobierno de la República Popular Democrática de Corea:

Todo parece distanciar a Corea y a Cuba. Nos separan miles de kilómetros. Cuando en nuestro país comienza el día, en Corea reina ya la noche; cuando este país amigo está cubierto de nieve, verdea perennemente nuestra tierra y, sin embargo, Corea y Cuba están profundamente hermanadas (APLAUSOS). Nos unen, queridos compañeros, nuestros sueños comunes y nos unen también la cercanía y la amenaza de un enemigo común.

Quisiera decir, ante todo, que visitar este heroico y revolucionario país, conocer personalmente a su gran líder, el presidente Kim Il Sung, a quien nos unen tan estrechos lazos de afecto y admiración, entrar en contacto directo con el abnegado y fraterno pueblo coreano, era un propósito firme sostenido largo tiempo. En medio de la tensa lucha en que está enfrascada nuestra patria, durante muchos años hemos esperado esta oportunidad.

Debo expresar que las impresiones recibidas hoy serán imborrables.

Yo no tengo realmente palabras para describir los sentimientos que experimentábamos a nuestra llegada a Pyongyang, ante la calurosa bienvenida y la extraordinaria demostración popular en el aeropuerto y en las calles (APLAUSOS).

No vengo a recibir homenajes; vengo a rendir homenaje al pueblo de Corea y a su gloriosa y combativa historia.

Venimos de muy lejos a conocer y expresar nuestros más cálidos sentimientos de admiración y solidaridad a un pueblo que a lo largo de toda su historia jamas cejó en la batalla por su independencia, contra la opresión extranjera y la explotación (APLAUSOS). Rindo tributo a los héroes que se levantaron heroicamente con las armas en la mano, bajo la guía del compañero Kim Il Sung frente a la ocupación del militarismo japonés (APLAUSOS). Rindo tributo al pueblo que resistió más tarde la bárbara agresión del imperialismo yanki, reconstruyó la patria en ruinas, forjó una nueva sociedad y ha mantenido en alto, durante más de 30 años, en las condiciones de un país cruelmente dividido, con la parte sur de la península convertida en una agresiva base militar de Estados Unidos, las dignas e inclaudicables banderas de la revolución y el socialismo (APLAUSOS).

La gesta heroica del pueblo coreano constituye sin duda uno de los grandes acontecimientos revolucionarios de nuestra época, y una fuente permanente de inspiración para los luchadores y los pueblos de todo el mundo (APLAUSOS).

Fue esa lucha, unida a la lucha del pueblo cubano, la que ha hecho posible que entre nuestros dos países, tan distantes, se hayan desarrollado ejemplares lazos de colaboración y profundos sentimientos de hermandad y solidaridad (APLAUSOS). Jamás faltó a nuestra patria, en los momentos más difíciles, la mano cálida y generosa del pueblo coreano. De la misma forma, la justa posición del Partido, el pueblo y el Gobierno coreanos, en favor de la reunificación pacífica de su país, la resuelta actitud frente a las maniobras y provocaciones del imperialismo y sus aliados en la región, han podido contar siempre con nuestra más vigorosa y decidida solidaridad (APLAUSOS).

Vivimos hoy tiempos difíciles en los que es preciso fortalecer como nunca antes la unidad de acción entre todas las fuerzas de la independencia, la paz y el progreso de los pueblos. Nunca antes vivió la humanidad momentos tan peligrosos y complejos. La irresponsable política armamentista, de confrontación y de fuerza, aplicada por el gobierno de Estados Unidos, ha incrementado hasta límites intolerables el peligro de una guerra devastadora, de la que el mundo no podría recuperarse. A escala local, el imperialismo azuza igualmente el injerencismo, la agresión y el terror. Solo nuestra más enérgica determinación de resistencia y nuestra inquebrantable decisión de no ceder ante el chantaje, podrán hacer frustrar tales designios reaccionarios (APLAUSOS).

Pero no solo agrede el imperialismo a los pueblos con la fuerza de las armas. Nuestra época es testigo del recrudecimiento más implacable del saqueo económico y la explotación de los pueblos, muy especialmente los del Tercer Mundo. La crisis económica lleva a muchos países a una situación desesperada de hambre, atraso y miseria. A la implacable deuda externa se asocian en nuestros días las criminales prácticas del dumping, el intercambio desigual y el proteccionismo, que privan a los países subdesarrollados y neocolonizados de América Latina, Asia y Africa de las más elementales esperanzas ante el futuro. Por eso hemos dicho y reiterado que la decisiva batalla por la paz resulta inseparable en la actualidad de la batalla por el repudio de la deuda externa y el establecimiento del nuevo orden económico internacional que reclaman nuestros países (APLAUSOS).

Llegamos a Corea movidos por un profundo interés político; deseamos también apreciar su original y milenaria cultura, y aspiramos a conocer al máximo las admirables realizaciones de este pueblo y sus experiencias revolucionarias. Aunque el tiempo de que dispondremos, por razones ajenas a nuestra voluntad, no será todo el que hubiésemos deseado, estamos seguros de que nuestros contactos, nuestras conversaciones con el querido presidente Kim Il Sung y con nuestros hermanos coreanos, darán un nuevo impulso a nuestra amistad, a nuestro conocimiento recíproco, a la cooperación y a la solidaridad entre ambos partidos, estados y pueblos (APLAUSOS).

Es cierto que atravesamos una época convulsa y peligrosa. Es cierto que nos enfrentamos a colosales desafíos. Pero cuando entre los pueblos se pueden desarrollar vínculos como los que hoy unen a Corea y a Cuba tan distantes geográficamente, cuando el espíritu internacionalista que anuncia el futuro de la humanidad se puede manifestar con esta intensidad que hoy hemos presenciado aquí, no tenemos la menor duda de que la victoria estará de nuestro lado.

Y en esta ocasión, querido compañero Kim Il Sung, queridos hermanos coreanos, permítanme repetir aquí, como si estuviera en nuestra propia patria, la consigna que nos ha acompañado a lo largo de todos estos años de lucha, triunfos y esperanzas: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

Queridos amigos: permítanme brindar por el gran líder, compañero Kim Il Sung, para que goce de una larga vida y una excelente salud, de modo que pueda continuar enriqueciendo con su experiencia, los conocimientos revolucionarios del socialismo y del movimiento comunista internacional (APLAUSOS). Brindo también por el querido dirigente Kim Jong Il (APLAUSOS). Brindo por los hermanos del Partido coreano, y brindo por todos los hermanos coreanos. Gracias.

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