Declaración pública del Comité por la Reunificación Pacífica de la Patria de la RPDC

El Comité por la Reunificación Pacífica de la Patria (CRPP) de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) hizo pública el día 14 una declaración intitulada “Hay que preparar la nueva era del desarrollo de las relaciones Norte-Sur y la reunificación independiente basándose en el noble ideal de ‘Entre nosotros, los connacionales'”.

Su texto completo va como sigue:

Hoy, todos los coreanos en el Norte, el Sur y el ultramar acogen con gran emoción el XVII aniversario de la publicación de la histórica Declaración Conjunta del 15 de Junio que había abierto la época de viraje trascendental en la historia llena de vicisitudes por la reunificación del país.

Todavía, se queda vívida la escena emocionante de aquel día en que por primera vez en la historia de la división nacional, los Máximos Dirigentes del Norte y el Sur apretaron fervientemente las manos en Pyongyang y declararon la aprobación de la Declaración Conjunta del 15 de Junio y los corazones de los coreanos se mantienen fuertemente excitados por las ovaciones de “¡Viva la reunificación!” que repercutían en todo el territorio coreano.

Aunque pasaran muchos años se quedará invariablemente como gran programa común de reunificación de la nación esa declaración nacida por el noble propósito y voluntad de lograr la reconciliación y la unidad, la paz y la prosperidad en el territorio coreano en que reinaban sólo la desconfianza y la hostilidad derrumbando con la fuerza unida nacional la muralla de la división construida por las fuerzas foráneas.

No cabe duda de que ya estuviera abierta de par en par la gran puerta de la reunificación de la patria deseada con ansiedad por toda la nación si el Norte y el Sur hubieran venido directamente por el camino indicado por ese jalón de reunificación del nuevo siglo y la declaración del 4 de Octubre, programa por su ejecución.

Pero, debido a las locuras tenaces de enfrentamiento de EE.UU. y los “poderes” conservadores proyanquis aparecidos por el control de ese enemigo jurado de los coreanos, las relaciones íntercoreanas que avanzaban por el camino de la reconciliación y prosperidad fueron retrasadas mucho y se llegaron al fracaso total, así como no se quedó ni una pieza de la época orgullosa.

Aún después de muchos años no serán tolerados, sino se saldrán cuenta sin falta con delitos sin precedentes de Lee Myung Bak, y Park Geun-hye que navegaron a contrapelo de la corriente de la época poniendo muchos obstáculos en el camino de la nación sin hacer ningún aporte a la causa de la reunificación.

En el Sur de Corea se produjo una gran resistencia popular sin precedente en la historia que dio fin más trágico al “poder” de Park Geun-hye, lo cual fue un merecido castigo y severa advertencia a los elementos proyanquis que traicionaron a la nación, nadaron a contrapelo de la opinión pública y negaron la reunificación.

Hoy en día, cuando por la lucha masiva de los habitantes que desean ardientemente la reunificación del país y el desarrollo de las relaciones entre ambas partes coreanas, fue lograda la sustitución del “poder” en el Sur de Corea, las atenciones del interior y exterior de Corea se prestan a la nueva decisión y opción de las autoridades del Norte y el Sur.

Todos los coreanos anhelan al unísono eliminar lo más pronto posible las malas influencias de los 9 años pasados controlados por la banda anti-reunificación y volver a continuar una fuerte corriente de la reunificación independiente.

A partir de la firme voluntad de abrir la nueva era del desarrollo de las relaciones Norte-Sur y la reunificación de la patria conforme al unánime esperanza y deseo de todos los coreanos en el Norte, el Sur, y el ultramar, en ocasión del XVII aniversario de la publicación de la Declaración Conjunta del 15 de Junio el Comité por la Reunificación Pacífica de la Patria de la República Popular Democrática de Corea vuelve a aclarar la posición de principios como lo siguiente:

1. Todos los coreanos deben tener la firme posición de dedicarse al desarrollo de las relaciones Norte-Sur y la sagrada causa por la reunificación de la patria enarbolando la bandera de la independencia, la de “Entre nosotros, los connacionales”.

La independencia nacional deviene la garantía y principios fundamentales de la solución del asunto de la reunificación de la patria.

Cuanto más sea compleja y aguda la situación en torno a la Península Coreana y se hacen intensas la intervención y la arbitrariedad de las fuerzas extranjeras, tanto más tienen que mantener la independencia en la solución del problema nacional y de reunificación y tomar más firmemente las manos entre los connacionales, lo cual es la verdad absoluta que muestran las practicas por la reunificación de la patria.

Durante los 9 años pasados cuando la banda conservadora tomaba el “poder” en el Sur de Corea, las relaciones íntercoreanas no podían evitar la destrucción más catastrófica, lo cual se debe enteramente a esa banda que antepuso las fuerzas foráneas a la nación y dio importancia a la cooperación con éstas más que los intereses nacionales y recurría abiertamente a la política de sumisión a EE.UU. en vez de la línea independiente.

Ninguna de las fuerzas extranjeras desea que la nación coreana reintegre y se convierta en potencia. Esto es la lección dejada por la larga historia de la división nacional.

Las realidades de las relaciones íntercoreanas llenas de altibajos muestran fehacientemente el hecho de que no podrá lograrse para siembre la gran empresa de la reunificación de la patria si persiguen a los Estados Unidos, intruso violento, impedidor obstinado y primer enemigo de la nación.

Pero, las nuevas autoridades surcoreanas olvidan de estas lecciones amargas y están enturbiando el porvenir de las relaciones de ambas partes soliendo a hablar y actuar mal desde los primeros días del mandato.

Con la actitud obediente a las potencias, ellas se apresuran a congraciarse con aquéllas mediante la “diplomacia de enviado especial” y la “de llamadas telefónicas” y reclamando casi todos los días el “fortalecimiento de la alianza con EE.UU.”, se preparan con jaleo para la visita vergonzosa al nuevo inquilino de la Casa Blanca, actualmente frágil en su cargo.

En estos momentos también, los fulanos y menganos de diversos círculos norteamericanos, inclusive la política, el Congreso y el ejército, visitan sucesivamente a Seúl para amansar públicamente a Chongwadae.

Sin embargo, las autoridades surcoreanas no dicen ni una palabra justa y se enfrascan en adular a los visitantes con trato hospitalario.

Entonces, ¿qué diferencia hay entre el tiempo actual y el mandato de Park Geun-hye que como prostituta, solía suplicar a otros países el apoyo al mantenimiento del “poder”?

La reunificación de la patria no se logra con la aprobación ni la ayuda de otros países.

Si fuera el portavoz verdadero de la opinión pública reflejada en las manifestaciones con velas y el hombre con sangre y espíritu de la nación coreana, el actual mandatario surcoreano deberá tomar la resuelta decisión de dejarse de acciones humillantes y miserables que no tienen nada que ver con la independencia nacional.

Las autoridades surcoreanas deben saber bien que la época se ha cambiado totalmente hoy día y la llave de la solución del problema de reunificación no está en la mano de las fuerzas ajenas sino en la de nuestra nación.

Ellas no podrán resolver nunca el problema de relaciones Norte-Sur ni el de reunificación si abogan sólo con palabras por la “nueva época” y “nueva política” y de hecho, no se atreven a moverse libremente comprometidas al caduco estilo de servilismo y sumisión a EE.UU.

Es una lección de sangre que enseña la historia el hecho de que si un hombre o una nación practica el servilismo a las grandes potencias, el primero se hace tonto y la segunda se arruina.

Las autoridades surcoreanas deben tomar una decisión correcta en esta encrucijada importante: independencia o sumisión a fuerzas ajenas y el ideal de “Entre nosotros, los connacionales” o la “alianza Sudcorea-EE.UU.”. Y no deben olvidar ni un momento que de ella depende la perspectiva de solución del problema de relaciones íntercoreanas y reunificación.

2. Las autoridades surcoreanas deben ser bien conscientes de que se abrirá el camino de reunificación y se extenderá el futuro maravilloso de la nación cuando acepten como verdad invariable el fomento de la unidad nacional al liberarse de la concepción conflictiva de hostilizar a la parte connacional.

La causa de reunificación es gran obra para reconectar los vasos sanguíneos de la nación y lograr la unidad nacional.

La gran unidad nacional es precisamente la reunificación de la patria y la potencia reunificada.

Anteponer el gran propósito de reunificación de la patria y realizar la unidad por encima de las diferencias de ideas, regímenes, ideales y criterios políticos, he aquí la voluntad inalterable de la RPDC.

Se empeorará más la confrontación interna de la nación y llegarán sin falta el conflicto y la guerra si el Norte y el Sur no quieren admitir la idea y el régimen existentes en la otra parte y una parte trata de imponer los suyos a la otra considerándolos como absolutos.

La unidad es la vía de prosperidad y la división significa perder lo todo.

Para mejorar radicalmente las relaciones íntercoreanas de acuerdo con la aspiración y exigencia de todos los connacionales, es imperioso abandonar primero la concepción hostil a la parte connacional y entrar en la nueva senda de reconciliación y unidad.

Sin pasar la “línea roja” de enfrentamiento fratricida trazada por el “poder” conservador, las actuales autoridades surcoreanas dicen que “el poder y el ejército norcoreanos son sus enemigos” y “continuarán la cooperación en sancionar y presionar”. Por otra parte, exponen sin escrúpulos su malsana intención de seguir empleando los medios y métodos que usaron los conservadores para “derrocar el régimen norcoreano”.

Pues, se puede decir que eso es una copia de diferente forro de la política conflictiva practicada por el “poder” anterior.

En vez de aplaudir las medidas de incremento de poderío de autodefensa nacional de la parte connacional que reconocen hasta otros países, las autoridades surcoreanas las describen como “amenaza” y “provocación” y persiguen abiertamente la sanción y presión en connivencia con el imperio americano. Este hecho insinúa que el actual “poder” también mantendrá el enfrentamiento fratricida total.

El enfrentamiento fratricida es la actitud vendepatria de aceptar por entero la política hostil anti-RPDC de Estados Unidos y la sanción y la presión son una expresión coherente de la hostilidad anti-RPDC.

Por lo tanto, resulta una tontería y engaño a si mismo hablar del mejoramiento de relaciones Norte-Sur mediante la aplicación paralela de sanción y diálogo y de presión y contacto.

Nuestra insistencia consiste en que el Norte y el Sur abran el nuevo horizonte prometedor de reconciliación y unidad nacionales marchando mano a mano y reconociendo a la contraparte como acompañante de la causa de reunificación.

No pretendemos que se dé la atmósfera de algún cambio superficial mediante el intercambio de viajes de unas entidades civiles eludiendo la solución del problema fundamental.

Este truco no sirve para nada y causa mayor desgracia.

Si las autoridades surcoreanas no quieren reconocer ni respetar de verdad a la parte connacional y se obstinan como ahora en no deshacer su puño de enfrentamiento y hostilidad, tampoco tenemos la intención de obligarles que lo hagan.

Ellas deberán tomar una opción responsable al tener presente que el desenlace de enfrentamiento de regímenes es el choque físico y se verá obligado a lograr la reunificación por vía no pacífica.

3. Volvemos a exponer en claro nuestra invariable posición de que se debe tomar con urgencia las medidas para eliminar el estado de aguda tensión militar de la Península Coreana.

La paz y seguridad de la Península Coreana son el problema vital relacionado con el destino de la nación coreana y la premisa sine qua non de la reunificación de la patria.

A pesar de nuestros abnegados y pacientes esfuerzos por preservar la paz en la tierra patria, la Península Coreana se encuentra ahora en la tensión militar más aguda de la historia y nadie podrá asegurar cuándo ni dónde comenzará la guerra nuclear.

Atemorizado ante la caída del “poder” conservador proyanqui en el Sur de Corea y la creciente atención de toda la nación coreana al mejoramiento de relaciones Norte-Sur y la reunificación, EE.UU. despacha seguidamente sus fuerzas armadas para la guerra nuclear a la Península Coreana y sus periferias y realiza casi todos los días los ejercicios de guerra de mayor dimensión, hecho que exacerba al extremo la tensión militar.

El problema hay en las actuales autoridades surcoreanas que en contra de su promesa de preparar en su mandato el “tiempo de viraje trascendental” para la paz de la Península Coreana, toman parte activa en la campaña de guerra de EE.UU. cuestionando de continuo las medidas de la parte connacional para el incremento de fuerzas armadas nucleares.

Poco después de su estreno, el nuevo “poder” surcoreano creó la peligrosísima situación de permitir la entrada simultánea de dos flotillas de golpe de portaaviones nucleares norteamericanos en las aguas de la Península Coreana. Además, libra demencialmente los entrenamientos de guerra contra la parte connacional con los medios de ataque nuclear de EE.UU. tales como las escuadrillas de B-1B y el submarino nuclear que frecuentan al Sur de Corea.

Bajo la situación actual, no se puede evitar los desastres de guerra nuclear, lejos de lograr la “paz y prosperidad perpetuas” de que habla tanto el mandatario surcoreano. Esto es la unánime preocupación de los nacionales y extranjeros.

En las circunstancias tan severas de hoy, la paz no está en la concesión o sumisión al agresor sino reside en las fuerzas de autodefensa capaces de derrotar de un golpe a cualquier enemigo poderoso.

La RPDC preparó el disuasivo de autodefensa más poderoso del mundo, centrado en las fuerzas armadas nucleares, porque no pudo tolerar más la amenaza y chantaje nucleares de EE.UU. y sus tentativas de la guerra de agresión que persisten de siglo en siglo y década tras década.

Deseamos más que nadie la paz y no queremos que nuestra nación vuelva a sufrir los desastres de guerra.

Pero, estamos dispuestos a exterminar a los agresores y devastar sus bastiones con el justiciero medio nuclear si EE.UU. y sus satélites se atreven a atacarnos.

Nuestros medios de ataque nuclear son capaces de eliminar las propiedades estratégicas nucleares de EE.UU., que están de cerca, y de atacar con toda precisión hasta a los agresores acampados en el territorio estadounidense más allá del Océano.

Si las autoridades surcoreanas desean de veras la paz, deben tomar primero las medidas para impedir las acciones agresivas y belicosas de EE.UU., en lugar de cuestionar groseramente las fuerzas nucleares de autodefensa de la RPDC que son la garantía más firme y real de la paz de la Península Coreana.

En particular, deben dejar de cometer sus imprudentes actos de provocación militar en las aguas candentes del Mar Oeste que tienen lugar so pretexto de defender la “línea de límite al Norte” y emprender acciones sustanciales para eliminar el peligro de choque armado y relajar la tensión militar en la tierra, el mar y el cielo, inclusive la zona de la Línea de Demarcación Militar.

Ellas deben tener presente que se encuentran ahora en la disyuntiva fatal de registrar sus huellas orgullosas en la historia nacional al resolver el problema de relaciones Norte-Sur apretando con valentía su mano con la RPDC o repetir el antecedente trágico de sus antecesoras al cabo de mostrarse vacilantes dejándose llevar por el estado de humor de las fuerzas extranjeras.

Es inconmovible la posición de la RPDC de abrir la ancha vía de reunificación independiente al lograr gran cambio y viraje en las relaciones Norte-Sur conforme a la nueva coyuntura actual en que ella ocupó la posición de digna potencia nuclear y la coheteril de Asia.

Aprovechando esta oportunidad, exhortamos encarecidamente a todos los compatriotas del Norte, el Sur y ultramar que se incorporen con más coraje a la lucha pannacional por abrir, sin perder el tiempo, el nuevo período de viraje para el mejoramiento de relaciones Norte-Sur y la reunificación independiente mediante la implementación consecuente del espíritu de la Declaración Conjunta Norte-Sur del 15 de Junio.

KCNA

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