“¿Qué es lo que demanda la situación de la Península Coreana?” comentarios desde EE.UU

Últimamente, los ex funcionarios de alto rango y los especialistas en el problema coreano de varios países urgen a EE.UU. cambiar la anacrónica política de hostilidad contra la República Popular Democrática de Corea.

Tales voces que se escuchan en el interior de EE.UU. exigen a la administración Trump que vea correctamente la cambiada estructura de la fuerza entre la RPDC y EE.UU. y cambie con audacia la política.

Eric Gomez, analista del Instituto Cato de EE.UU., expresó en su comentario como sigue:

La política de EE.UU. sobre Corea está totalmente fracasada y la administración Trump tendrá que trazarla de nuevo desde el principio. Quizá la política de “máxima presión” sea aceptada fácilmente para los norteamericanos, pero casi no tiene posibilidad de cambiar la acción del Norte de Corea.

Benette Ramberg, ex investigador de la política perteneciente a la administración Bush, señaló en su comentario que EE.UU. y el Sur de Corea deben reconocer la realidad del problema nuclear del Norte de Corea y buscar la manera de coexistir con éste dejando su absurda ilusión de hacerle renunciar el arma nuclear.

Doug Bandow, investigador superior del Instituto Cato, asesor especial del ex presidente estadounidense Ronald Reagan y experto de la política exterior, publicó un comentario que expone la siguiente opinión:

EE.UU. deberá reexaminar la promesa de “seguridad” dada al Sur de Corea.

Después del fin de la guerra coreana, EE.UU. no tiene ningún motivo para seguir protegiendo hasta ahora el Sur de Corea.

EE.UU. podrá tomar la opción de anular por etapas el estacionamiento de sus tropas en suelo surcoreano y la promesa de “seguridad”.

Lo importante es que la retirada de tropas norteamericanas puede tachar el nombre de EE.UU. en la lista de blancos de ataque del Norte de Corea.

De hecho, sacar la mano del problema de la Península Coreana es el método más sencillo para eliminar la preocupación de EE.UU. por los misiles norcoreanos que apuntan el territorio norteamericano.

No vale la pena que EE.UU. se hunda cada vez más en el peligro nuclear de la Península Coreana.

El director encargado del plan de seguridad internacional de un instituto en Sydney opinó que para Washington, coexistir con el Norte de Corea, que tiene el misil nuclear de largo alcance, es el único remedio hasta que trague la medicina amarga.

La situación se cambia.

Ya es el tiempo en que EE.UU. deje su infructífera política de hostilidad anti-RPDC.

Al ver bien la corriente histórica de hoy, EE.UU. deberá cambiar su política sobre Corea y cumplir con su responsabilidad asumida en el aseguramiento de la paz de la Península Coreana, lo cual convendría a sí mismo también.

 

KCNA

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