De acuerdo con la unánime esperanza y anhelo de toda la nación, la República Popular Democrática de Corea realiza ahora esfuerzos sinceros por la celebración exitosa de los Juegos Olímpicos Invernales en el Sur de Corea.

En contraste, en el territorio surcoreano suceden cosas que rompen el dramático ambiente de reconciliación entre ambas partes coreanas, preparado por la magnanimidad y la iniciativa de la RPDC.

Además del discurso irracional del mandatario surcoreano, se escuchan unos chismes sobre los problemas de trabajo vinculados con la participación de la parte Norte en la olimpiada tales como “violación de la sanción anti-Norte”.

Los medios de prensa y los teóricos conservadores del Sur de Corea dicen que el uso del barco “Mangyongbong-92” o la Aerolínea Coryo por el Norte de Corea en el período de la olimpiada contraviene a la “sanción independiente” de EE.UU. y el Sur de Corea.

Agregan que el suministro de aparatos deportivos al equipo norcoreano de jugadores y el pago de gastos de estancia de la delegación y los grupos de hinchas y periodistas del Norte de Corea pueden dar pie a la “violación de la sanción” y algunos de altos funcionarios norcoreanos posibles de visitar a Phyongchang están incluidos en la lista de “sanción”.

Indudablemente, tales disparates representan el mal humor e inquietud de EE.UU. y las fuerzas conservadoras surcoreanas que están descontentos del ambiente favorable a la mejora de relaciones íntercoreanas, creado a comienzos del Año Nuevo.

Lo problemático es la actitud ambigua de las autoridades surcoreanas quienes dicen que “tomarán las medidas para que no ocurra la polémica sobre el desacato a la sanción anti-Norte por su participación en los Juegos Olímpicos de Phyongchang” y “estrecharán la cooperación con el Comité de Sanción de la ONU y la sociedad internacional, incluso EE.UU.”

Como se ve, ellas se muestran irrespetuosas sin saber cómo mantener la cortesía ni la honra de anfitrionas de la fiesta deportiva mundial.

Ahora es el momento en que ambas partes coreanas deben tomar precaución de los temas que puedan perjudicar el ambiente favorable a la mejora de relaciones bilaterales y esforzarse por construir la confianza y simpatía sobre la contraparte.

Se puede decir que la actitud ambigua de las autoridades surcoreanas parte del malsano intento de lisonjear a su amo norteamericano y describir la coyuntura de reconciliación Norte-Sur como un mérito de sí mismas.

Ellas deben actuar con prudencia dejando el punto de vista egocéntrico sobre los esfuerzos sinceros y magnánimos de la parte connacional.

Todavía, todo no pasa de ser el comienzo.

Ellas deberán exponer en claro su posición teniendo presente que su conducta frívola puede romper el hilo de la mejora de los vínculos Norte-Sur, reanudado a duras penas.

KCNA