En la mañana de aquel día histórico

Amaneció el 8 de febrero de 1948 en que el gran Líder Kim Il Sung proclamaría ante el mundo la fundación de las fuerzas armadas revolucionarias regulares.

Esa mañana, mientras él se preparaba para salir al centro del desfile militar la Heroína Antijaponesa Kim Jong Suk le dijo con todo respeto: Hoy es un día significativo; creo que la ropa le caiga bien para pasar revista a las fuerzas armadas regulares.

Afirmando que se trataba de una fecha histórica y de profunda importancia, el Líder recordó lo que ocurrió 16 años atrás cuando él organizaba en Antu la Guerrilla Popular Antijaponesa, vestido del uniforme que le confeccionó su madre Kang Pan Sok mientras se enfermaba.

Un rato después expresó: Si pese a las circunstancias difíciles y complejas creadas después de la liberación del país podíamos rematar a tiempo los preparativos para fundar el Ejército Popular, es porque durante la Lucha Armada Antijaponesa habíamos formado el armazón de las fuerzas armadas revolucionarias y acumulado ricas experiencias. Y a su mujer y su hijo Kim Jong Il los invitó a acompañarle para asistir al solemne desfile del ejército que defendería con las armas la dignidad y el honor de la nación.

En la parada militar

A las 10 en punto, cuando el Líder Kim Il Sung, patriótico sin parangón y héroe legendario, apareció con amplia sonrisa en el rostro en la tribuna presidencial de la plaza, estallaron las efusivas aclamaciones y aplausos.

Una vez iniciado el desfile, las columnas de los militares marcharon a pasos firmes por delante de la tribuna.

Viendo el espectáculo, el pequeño Kim Jong Il dijo a su madre que se le ocurría una idea sobre la necesidad de unir en cuerpo y alma la infantería, la artillería y los tanquistas durante el combate.

La señora afirmó sus palabras explicando que eso implicaba la operación conjunta.

Un ejército diestro en esa táctica puede ser vencedor en la lucha; tal acción militar la organiza el hombre, que es el ente más precioso, contestó Kim Jong Il.

Quiero que al crecer seas un general y dirijas de tal manera al ejército, le insinuó ella y le pareció ver a otro gran general del futuro que apreciara y amara a los militares más que el armamento, y un ejército invencible mandado por él.

La tarea más importante

El haberse fundado un ejército regular en Corea era una obra histórica lograda a precio de la sangre de muchos revolucionarios y gracias a la lealtad patriótica de su pueblo.

Aquel día, en la morada del Líder se veían luces hasta avanzada la noche.

Él expresó a sus familiares: Si nuestro país que se enorgullecía de su larga historia de cinco milenios fue ocupado por los agresores japoneses sin oponer resistencia contra ellos, era porque los gobernantes feudales holgazanearon en el empeño para formar los militares y defender el país, es decir, menospreciaron el más importante de todos los quehaceres estatales. Tanto ahora como en el futuro, quienes aman de corazón al país y al pueblo deben considerar el asunto militar como la tarea más importante y concederle siempre una profunda atención.

En ese instante el pequeño Kim Jong Il se puso de pie y le respondió en tono enérgico: He comprendido lo importante que es la defensa del país, y si se la desprecia, nuestro país se derrocará.

Al oírle sus padres esbozaron una leve sonrisa.

La firme voluntad que Kim Jong Il tomó el día del nacimiento de las fuerzas armadas revolucionarias regulares dio lugar al modo político del Songun (prioridad de los asuntos militares), el ideal político del Songun, que él aplicó en los días posteriores y que situó a la Corea socialista del Juche en la posición de la digna potencia, provocando una gran admiración al mundo.

 

Naenara