Tuvo lugar el 3 de abril de 1948 en la isla Jeju del Sur de Corea el levantamiento popular armado contra las “elecciones separadas del 10 de mayo” que impulsaban EE.UU. y la camarilla títere de Syngman Rhee.

Los moradores de la isla se sublevaron tomando como señal la antorcha prendida a las 2 de la madrugada de ese día en el monte Hanna y lucharon con valentía contra el imperio yanqui y los compinches de Rhee gritando a toda voz las consignas tales como “Rechazamos las elecciones separadas y el gobierno separado” y “¡Viva la reunificación de la patria!”.

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Como resultado de la feroz operación antimotín, se redujeron a cenizas y escombros 295 poblados y murieron más de 70 mil habitantes inocentes. A pesar de esto, los verdugos no pudieron imponer las “elecciones separadas del 10 de mayo” en la isla.

Ese levantamiento deviene la resistencia antiyanqui por la salvación nacional que ha demostrado la aspiración unánime y el espíritu indoblegable de la población surcoreana decidida a rechazar la injerencia extranjera y lograr la reunificación independiente y la independencia de la patria después de la liberación.

Por esta razón, los surcoreanos de diversos estratos organizan con motivo de ese día una serie de actos en memoria de los caídos.

Sin embargo, EE.UU. no pide todavía las disculpas por la masacre en la isla mientras los conservadores surcoreanos tratan de restar el significado histórico del suceso describiéndolo como “sedición desatada según la orden del Norte”.

Este hecho deviene otro crimen imperdonable encaminado a justificar sus crímenes escalofriantes y dejarlos en el olvido de la historia.

Son incontables las desgracias y dolores que sufrió la población surcoreana debido al imperio yanqui, culpable de la división nacional, y sus lacayos conservadores.

Desde la liberación del país en el 15 de agosto de 1945 hasta en vísperas de la guerra coreana de 1950, las tropas agresoras norteamericanas mataron a más de un millón de patriotas y civiles inocentes. Y durante el período de esa guerra de 3 años, asesinaron a más de un millón 240 mil civiles pacíficos en distintas localidades del suelo surcoreano, inclusive la comuna Rogun del distrito Yongdong de la provincia de Chungchong del Norte y el cantón Sinwon del distrito Kochang de la provincia de Kyongsang del Sur.

También en el tiempo posbélico, EE.UU. ayudó la represión armada contra las luchas de los surcoreanos aspirantes a la independencia, la democracia y la reunificación tales como el levantamiento popular del 19 de abril y el de Kwangju del 18 de mayo.

Como se conoció recientemente, la banda conservadora surcoreana había tramado el siniestro plan de aplastar con armas la lucha con velas encendidas que desarrollaron los surcoreanos por lograr la retirada de Park Geun-hye del poder.

Tras cometer las barbaridades sensacionales para consolidar su sistema de dominación y dictatorial, ella las negaba totalmente o las atribuía al Norte de Corea inventando las “pruebas”.

En 2000, se ha revelado que las “pruebas” usadas por los conservadores fueron inventos del entonces Servicio Central de Inteligencia.

El Partido de Corea Libre y otros conservadores, descendientes de los lacayos proyanquis que asesinaron a hierro y fuego a los moradores de Jeju y convirtieron el suelo surcoreano en la tundra para la independencia, la democracia y el hombre, andan desesperados para resucitar la dictadura proyanqui insultando todavía la rebelión de la isla Jeju.

De veras, el imperio yanqui y la banda conservadora surcoreana son asesinos capaces de cualquier cosa para alcanzar sus objetivos criminales.

Todos los hechos evidencian que no se logrará la reunificación de la patria ni la democratización verdadera de la sociedad surcoreana si se dejan intactos a aquéllos.

Para hacer realidad el deseo de los mártires de Jeju y la aspiración nacional, hay que rechazar la dominación y la intervención de las fuerzas extranjeras y frustrar tajantemente el servilismo a grandes potencias y la campaña de confrontación fratricida de los traidores proyanquis.

KCNA